Litvinenko, había criticado con dureza al Kremlin y a los servicios de seguridad rusos, y pidió asilo político en Reino Unido en 2000.
Antes de morir había dado una entrevista al diario The Timesdonde sospechaba que no sobreviviría.
"Los bastardos me atraparon, pero no atraparán a todo el mundo", señalaba sin referirse directamente a las autoridades rusas.
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